“El desarrollo humano se define entre el desafío de la autonomía y la inercia de una era industrial desincronizada con los valores simbióticos, reorientando el valor de la interacción. La relación del reino humano con el reino mineral (la máquina) toma diversos rumbos, la inteligencia como concepto se redefine dejando el descubrimiento de los patrones de nuestra existencia ordenada al impulso de la voluntad individual. Aquí empieza la conciencia de especie, definiendo en su forma la estructura que determina el desarrollo de un extraordinario instrumento de interacción.
Quizá la realidad solo existe dentro y la mente es nuestro eterno procesador sensorial que define lo conectados que estamos. Una cámara inversa que mira dentro y proyecta fuera.
Dentro… Dónde y cómo?
La historia sucede entre dos mundos que buscan su nexus. Se repite en todas las culturas de todos los tiempos. Lo muestran los símbolos y la dualidad de la mente humana.
El mundo de la materia y el mundo del espíritu, la partícula y la onda, el humano y dios, la forma y la idea, la materia densa y el éter…
La conexión es un vector en todo el universo modelándose desde hace millones de años. La materia, la máxima densidad de substancia representada tiende a la mínima expresión, y la energía, la mínima densidad manifestada tiende a la máxima expresión de la información. Et voilà las dos direcciones… El universo se contrae y dilata a la vez. Esa es su unidad… La máxima información en la mínima expresión. Y entre la dilatación y la concentración, nacen las formas.
Algunos humanos evolucionan paralelos a la máquina. Cultivan su inteligencia y habilidades usando a la vez la tecnología, sin sustituirla por su precioso cerebro. Otros desplazan su potencial humano en pro de la era artificial, en cambio otros se apartan completamente de ella…
Etermynd es el “antes” de la fotografía, es el dejar que suceda la burbuja fuera del tiempo, el instante perfecto que inspira al fotógrafo más allá de la técnica, el encuentro con el éter, la substancia de las ideas, las estructuras cristalinas de la realidad ordenada. Es el camino de la idea a la imagen desde la fuente del calor humano.
Hay realidades que son extraordinarias porque se componen de elementos que son difíciles de encontrar juntos. Ocurren de manera inusual, y cuando aparecen brillan por su belleza inteligentemente organizada, produciendo un efecto único en el entorno donde surgen. Todo buen fotógrafo busca ese momento “perfecto” donde la belleza se expresa en la singularidad de componentes que, aún siendo contrarios, pueden coexistir en armonía. Sucede en la naturalidad de la pasión vocacional, o en la paciencia de esperar el momento, o introduciendo el componente de uno mismo para hacer que suceda…
La naturaleza nos muestras sus leyes, patrones matemáticos definiendo los principios eternos. En los ecosistemas urbanos somos los mismos reinos con otro orden químico, el conflicto se incrementa y con ello la posibilidad de una belleza aparentemente imposible.
El observador es aquel ingrediente estrella queriendo contemplar la belleza sin destruir lo que todavía tiene que existir.
El arte está en sí mismo. Empieza el juego. Quieres ver lo extraordinario? Te lo vas a tener que ganar. La belleza inteligente incita al instinto primario de poseer. Si lo intentas se convierte en piedra para ti. Si aprendes a amarla sin poseerla, ella libera su potencial en un irresistible impulso de ser contemplada. Dentro de uno sucede la guerra que anticipa a la belleza humana.
El “otro” es el gran desconocido, que incita al instinto de destuir como una enigmática condición defensiva. La belleza del otro te la has de ganar cuando comprendes la diferencia entre tú y ese otro. Moverte entre polo y polo (tú y el otro, llenos y vacíos, luces y sombras…) conservando la paz. El arte es armonía en el conflicto, que significa respetar la existencia de lo más diverso e inusual en un mismo campo. Por eso es belleza.”
